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Mi Camino. Día 3. (Zizur – Cirauqui)


Sábado 28 de julio de 2018 (Zizur – Cirauqui)


Sobre el papel 26.8km, pero realizados 31.5km (Zizur – Guenduláin – Zariquiegui – Alto del Perdón – Uterga – Muruzábal – Obanos – Puente la Reina – Mañeru – Cirauqui)



“Un día genial con la temperatura. Dormí muy bien y me levanté temprano. Salí caminando con Miguel de nuevo a las 06:30h después de un desayuno estupendo que nos preparó Arturo. Así da gusto.


Como los dos días anteriores, comencé a caminar muy fuerte adelantando a todos los peregrinos madrugadores de Pamplona. Hoy sí que me he cruzado a varios que se levantan a las 04:00h para aprovechar las horas más fresquitas.


Después de algo más de dos horas caminando, llegué junto con Miguel a “El Alto del Perdón”, un sitio precioso, pero lleno de grandes molinos (y no me refiero a los manchegos) que le quitaban un poco de magia. No podéis imaginar el ruido que hacen las aspas. Allí paramos cinco minutos para hacernos unas fotos, pero rápido nos tuvimos que mover por el frío que hacía. Camiseta sudada en la subida, y como podréis imaginar, viento importante, no es buena mezcla.


Así nos dispusimos a bajar, por supuesto sin saber lo que nos esperaba (Miguel creo que tampoco llevaba guía) y es una de las bajadas más duras del camino. Creo que tardé 3 veces más en bajar que en subir. Si haces un mal movimiento te puedes dejar un tobillo o rodilla, por lo que, con precaución.


Nada más terminar de bajar, muy cansado por la fuerza hecha por los gemelos, le comenté a Miguel que tirara él, que no tenía fuerzas para seguir a el ritmo al que veníamos. Ha sido el primer momento en estos días que llevo, en los que me he sentido débil y sin fuerzas para seguir caminando. De hecho, ahora solamente sentía dolor en las piernas y un calor enorme por todo el cuerpo.


Y no me digas por qué, pero en ese momento tan bajito, y aprovechando que Miguel se había adelantado, pedí a papá que me diera un pequeño empujón. Y aquí llega mi primer momento especial del camino. Comenzó a soplar una brisa increíble a mi espalda que no ha parado hasta ahora y que hoy, me ha dado la vida (esto queda como la magia del camino)


De ahí a Puente la Reina todo del tirón, me despedí de Miguel que terminaba etapa y continué.


Últimos 8km de subida, con pájara incluida que arreglé comprando una torta de aceite y un poco de queso, y rápido llegué al albergue de Cirauqui. Nada del otro mundo, pero en un pueblo medieval muy bonito.


Y aquí lo de siempre, meditación, lectura, paseos y disfrutar de la brisa en una terraza muy amplia que tienen para los peregrinos y en la que he cenado con un grupo de valencianos que están haciendo un camino gastronómico.


Hoy me quedo con esa magia del empujón que me dio el viento cuando más lo necesitaba.

Gracias papá.”



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